MORIR Y RENACER: EL PODER TRANSFORMADOR DE MIS PRÁCTICAS DIARIAS
"Papá, ¿quieres que te lleve a la cama?". Me hice un sí con la cara, mis ojos ya lloraban. Mi padre se estaba muriendo justo delante de mis ojos, y mi corazón se estrujó en una mordaza de la que no pude liberarme hasta después de varios meses. Empujé su silla de ruedas hacia su cuarto y llamé a mi madre para que me ayudara a subirlo a la cama. Su cuerpo se había vuelto pesado; su vida en la tierra lo estaba abandonando. Lo cogí por el busto y lo apoyé en la cama; sus brazos caídos rodearon los míos... En este último abrazo, mi padre suspiró.
Y el mundo a mi alrededor cambió. O así pensaba. En realidad, era yo quien no sentía el suelo bajo mis pies. Empezaron noches de insomnio, una agitación me envolvió.
"Tu padre era un hombre elegante hasta el final". Empecé a mirarme al espejo y a verme con su misma elegancia; la buscaba en mis ropas, en mis peinados. Me costaba encontrarme sin él. ¿Quién era yo sin mi padre en vida? Nunca hubiera pensado que el vínculo con mi papá fuera tan fuerte y casi vital para mí. Pensaba haberme preparado, que ya eran años en los que podía asumir su salida de escena. Creía que entonces dejaría de echarle de menos, como hice toda la vida, quizás...
La tristeza me invadió.
Dos meses después de su muerte, de repente, me detuve y empecé a llorar. El hombre a mi lado en ese tiempo no estaba dispuesto a acompañarme en ese momento con la dulzura que se necesita; juzgaba mi duelo como anormal y frustraba mi necesidad de vivirlo. Esto se sumó a las tantas visiones distintas del dí a dia. Me marché ese día de su casa, sabiendo que no iba a volver nunca más. Mi padre ya empezaba a acompañarme desde arriba para que encontrara la fuerza de las decisiones más correctas. Además, nunca le había gustado este hombre para mi.
Los duelos entonces se volvieron dos: dos separaciones, dos tomas de conciencia y dos aceptaciones del fin. Empecé a decaer mucho. Mi interior se desmoronaba bajo el peso de estas dos muertes y no encontraba salida. La tristeza era más fuerte que mi energía vital. Debía hacer absolutamente algo: mi hijo necesitaba de mi presencia y de mi alegría. El centro que acababa de abrir (pocos días después de su fallecimiento, firmé el alquiler de un local para el yoga y las terapias naturales que había soñado encontrar durante años; una vez más, una pluma cayó desde arriba) giraba a mi alrededor y me requería con todas mis fuerzas intactas.
Sentía que me derrumbaba cada día más, y era plenamente consciente de ello. Decidí hacer algo. La intención fue fortísima, así como la voluntad de salir de esa situación.
Me aferré a las prácticas todas las mañanas. A las 5:30 hacía el esfuerzo de levantarme y me ponía a practicar Ashtanga Yoga o Vinyasa, y concluía con varios ejercicios de Qi Gong para reequilibrar la energía. Después de cada práctica sentía que estaba renaciendo. Día tras día sentía que mi energía vital estaba volviendo y, con ella, las ganas de salir.
Y así, el cambio de frecuencia en mí hizo que llegara una espléndida coach que me acompañó con su maravillosa presencia y sus reconfortantes abrazos. Anadi entonces la meditación a la rutina diaria y la paz empezó a llenar mi corazón.
El insomnio aún permaneció, y para eso el antídoto fue un retiro en Plum Village. Dormía inmersa en el bosque y practicaba con un compañero una hora de yoga y una hora de meditación al día. Caminatas conscientes y autoobservación durante el día me llevaron de vuelta a esa calma mental que me permitió recuperar el sueño. Una vez más, las prácticas cotidianas y el mindfulness fueron el antídoto para volver al equilibrio.
El libro 'Mis Prácticas Diarias' está escrito con todo mi corazón, para que tú también puedas desarrollar esta preciosa herramienta y experimentar las artes internas, creando tu refugio sanador y tu fuerza para el día a día. Morimos y renacemos varias veces en una existencia, pero lo que se logra al tener una rutina diaria de artes internas te permite renacer más rápidamente cada vez, y volver a resplandecer más cada vez y con mayor paz interior.
Mantén viva tu Luz cultivando cada día las semillas de la armonía y la plena consciencia para vivir en plenitud.